56 Entrega del Ariel 2014
DISCURSO DE LA CEREMONIA DE ENTREGA

PRESIDENTA
Blanca Guerra


La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas les da la más calurosa bienvenida a la 56 entrega del Ariel. Esta es una fiesta, la fiesta del cine mexicano, la fiesta de todos ustedes. Nos llena de satisfacción que en el 2013 se hayan producido 126 películas mexicanas, la cifra más alta desde 1959. Deseamos que ese número se incremente, que las películas nos sigan ofreciendo una baraja diversa e interesante, que su calidad vaya a la alta; pero también que las películas encuentren a sus públicos, porque hoy, por desgracia, los circuitos de distribución y exhibición no les son favorables.

Desde aquí felicitamos a quienes participaron en todos los trabajos inscritos, los cuales reflejan de maneras muy distintas nuestra sociedad y su realidad. Porque al final y al principio, lo importante son las películas, las obras por las que hoy estamos aquí.
Tambièn nos congratulamos en que cada dìa son màs la mujeres que participan en las distintas disciplinas de los proyectos cinematogràficos.
El cine puede ser una industria; pero siempre es un producto cultural. En un mercado tan profundamente desigual y concentrado, se requieren políticas capaces de apuntalarlo, reforzarlo, expandirlo.

Agradecemos el sistema de fomento para la producción cinematográfica instrumento del Estado con el cual se canalizan importantes recursos de las instituciones culturales y de mecanismos como el estímulo fiscal para la producción cinematográfica, aunque aún requieren ser perfeccionados para garantizar su eficaz y equitativo funcionamiento.

Con el apoyo del Estado Mexicano, la Academia ha podido realizar acciones de difusión, investigación, preservación, desarrollo y defensa de nuestra cinematografía. Organizamos el Foro de Cine Mexicano en el marco del festival de Guadalajara, que tenemos intención de hacer extensivo al resto de los festivales de la República; estrenaremos programas relacionados con el cine en colaboración con Radio UNAM, TV-UNAM, y la Cátedra Bergman en Cine y Teatro; restauramos, en colaboración con Filmoteca de la UNAM, las cintas La mujer del puerto, El tren fantasma y, próximamente, La Barraca, primera película premiada por nuestra Academia. Con éstas y otras actividades, nuestra intención es posicionar a nuestro cine en un sitio cada vez más visible. Esperamos que todos estos programas y acciones tengan continuidad, maduren y permanezcan.

Debemos apreciar lo que tenemos, que no es poco. En el mundo sólo existen 7 Academias de Cine en habla española. Es decir, somos uno de los pocos países de lengua castellana con una historia, una tradición y una oferta rica y variada en materia cinematográfica. Esto ha sido así, pero puede no serlo, como dramáticamente lo constatamos entre 1994 y 2004.

Seguimos viviendo circunstancias dolorosas, no resueltas, en materia de distribución y exhibición de nuestro cine. Mientras esto no cambie, un buen número de películas no podrá encontrarse con su público. En 2013, 248 millones de personas pagaron un boleto en las salas cinematográficas. De esas, 30.1 millones fueron a ver cine mexicano, el 12 por ciento del total. Un incremento notable, dado que en 2012 sólo el 4 por ciento de los espectadores fue para nuestro cine. No obstante, Hollywood sigue acaparando la atención del público. El 79% fue a ver sus películas. Además, dos películas mexicanas concentraron más de las dos terceras partes de los espectadores totales del cine mexicano, en tanto que otros 61 estrenos fueron vistos por una cantidad inferior a los 10 mil espectadores cada uno.

Nosotros, como comunidad, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Tenemos que crear estrategias integrales, imaginativas, para lograr que nuestro cine sea visto donde debe ser visto: en las salas de cine. En otros países existen normas que apuntalan la producción nacional y la defienden de una competencia asimétrica, marcada por prácticas casi monopólicas de distribución y exhibición.

No será la inercia la que revierta el entorno abismalmente desigual en el que el cine mexicano tiene que competir por las pantallas comerciales. Para recuperar el interés de los espectadores hacia nuestra producción son imprescindibles el apoyo y la lealtad hacia nuestro cine por parte de los dueños de las cadenas de exhibición; así como la voluntad política del gobierno federal y los legisladores, de los medios de comunicación y de las televisoras, que son las que más se benefician de nuestra cinematografía.

No pretendemos reivindicar un nacionalismo estrecho, amurallado del exterior. Nuestras sociedades merecen vivir abiertas al mundo, alimentándose de lo mejor que se produzca en el orbe. Pero también reclamamos políticas puntuales que le permitan a nuestras películas la posibilidad de competir de tú a tú con las de otras cinematografías. Eliminemos los obstáculos que impiden la buena distribución y exhibición de nuestro cine.

Empecemos por hacer que se respete y aplique nuestra Ley Federal de Cinematografía y acordemos las reformas necesarias para volverla una herramienta eficaz para compensar las marcadas desigualdades en materia de exhibición. Mucho hemos escuchado acerca del compromiso del Ejecutivo Federal con el fomento a la cultura. Es hora de ver, en el terreno de la exhibición y la distribución cinematográficas, hasta dónde llega esa disposición.

Mientras tanto que la fiesta continúe.